Héctor G. Barnés, expone en este artículo expone de El Confidencial cómo el agua, un recurso natural indispensable para la vida, se convierte en uno de los recursos más rentables en el siglo XXI; así que cada vez más compañías están intentando controlar las fuentes, en perjuicio de muchos ciudadanos.
El agua, considerada un bien garantizado en el mundo occidental, se perfila como el recurso natural más estratégico del siglo XXI debido a su creciente escasez y su importancia crítica en la agricultura, la industria y la energía. Las crisis relacionadas con el agua, como las sequías y la falta de acceso potable, son ya una de las mayores amenazas globales según el Foro Económico Mundial, y los efectos del cambio climático intensificarán la pugna por su control. Este contexto está generando una «guerra subterránea» entre Estados, multinacionales y fondos de inversión por dominar este recurso limitado.
Un recurso limitado y mal distribuido
El problema del agua no radica tanto en su cantidad total como en su distribución desigual. Aunque suficiente agua cae sobre el planeta, su disponibilidad es irregular, creando regiones con grave estrés hídrico. En países desarrollados, el 12% de la población consume el 80% del agua potable, mientras que en zonas empobrecidas millones carecen de acceso básico. Este desequilibrio tiene implicaciones geopolíticas y económicas cada vez más notorias.
El agua como el nuevo petróleo
Multinacionales y fondos de inversión ven el agua como un activo estratégico y rentable. Goldman Sachs la calificó en 2008 como «el petróleo del siglo XXI», destacando que el consumo global se duplica cada 20 años y que en 2025, un tercio de la población mundial enfrentará problemas de acceso. Estas perspectivas han impulsado iniciativas como la Aqueduct Alliance, que agrupa a gigantes financieros y energéticos para gestionar estratégicamente este recurso.
El agua también está asociada con la producción agrícola, lo que profundiza las brechas entre países desarrollados y subdesarrollados. Grandes potencias como China compran tierras cultivables en otros países para asegurar el acceso a lo que se conoce como «agua virtual», es decir, la utilizada en la producción de alimentos o bienes exportados. Países como Canadá y Rusia, con vastas reservas de agua helada, serán grandes beneficiados en este panorama.
El negocio del agua
El agua es un recurso rentable porque generalmente se obtiene a bajo coste y se vende a precios elevados, ya sea en forma de agua potable o embotellada. Sin embargo, la regulación desigual entre países permite abusos. En contextos donde la normativa es débil, grandes empresas aprovechan los recursos hídricos a expensas de la población local, como ocurre en el Tercer Mundo. Ejemplos incluyen explotaciones de agua por parte de multinacionales como Coca-Cola en India y Nestlé con sus fábricas de agua embotellada.
En algunos casos, incluso los Estados comercian con su agua, vendiéndola a países río abajo o cediendo terrenos a multinacionales para cultivos intensivos, como sucede en Malí, donde el agua se utiliza para regar caña de azúcar destinada a biodiésel para Europa.
Geopolítica y conflictos por el agua
El control del agua genera tensiones en todo el mundo. Oriente Próximo es un ejemplo claro, donde Turquía monopoliza los ríos Tigris y Éufrates, perjudicando a Siria e Irán. En África, la construcción de la presa del Renacimiento en Etiopía sobre el Nilo ha alarmado a Egipto y Sudán. En Asia, el Tíbet, fuente de los principales ríos del continente, es objeto de disputa, y en América Latina, el acuífero Guaraní enfrenta a varios países.
Aunque hasta ahora no ha habido guerras exclusivamente por el agua, muchos expertos advierten que esta posibilidad no puede descartarse en el futuro. Los conflictos relacionados con la escasez hídrica ya se manifiestan en regiones como el Sahel, Cachemira y Sudán.
El caso de España
España es uno de los países más afectados por la escasez de agua, según el World Resources Institute. Las sequías periódicas generan tensiones entre comunidades autónomas, como ocurre con el trasvase Tajo-Segura. Las soluciones incluyen la desalinización, el uso de aguas subterráneas o la limpieza de ríos, pero todas implican un coste elevado. Además, España exporta grandes cantidades de agua virtual en forma de productos agrícolas, lo que agrava su vulnerabilidad interna.
La Unión Europea podría intervenir en el futuro para mediar en estos conflictos, pero a nivel nacional se necesita una política de Estado que fomente la colaboración entre regiones.
Futuro del agua: cooperación o conflicto
A medida que el cambio climático agrave la escasez hídrica, los gobiernos y las empresas deberán elegir entre colaborar para gestionar este recurso finito o enfrentarse en una competencia cada vez más hostil. La regulación, la inversión en tecnología y la concienciación serán clave para evitar que el agua se convierta en una fuente de conflictos a nivel global.
