LAS DOULAS DE LA MUERTE

Más allá de Nicole Kidman: dentro del negocio de las ‘doulas de la muerte’ que se forman por 1.490 euros

 

Más allá de Nicole Kidman: dentro del negocio de las ‘doulas de la muerte’ que se forman por 1.490 euros | Crónica

Diario EL MUNDO, Angélica Reinosa, 28 Abril 2026

Síntesis

El artículo de EL MUNDO explora el fenómeno emergente de las “doulas de la muerte” en España, un ámbito todavía poco conocido pero en rápida expansión, que combina acompañamiento emocional, espiritual y práctico para personas que se encuentran en el tramo final de su vida. Aunque el término pueda sonar novedoso o incluso desconcertante, el reportaje muestra que detrás de él hay una respuesta social a carencias reales: la soledad, la falta de rituales, la medicalización extrema del morir y la necesidad creciente de un acompañamiento más humano.

Un movimiento que crece: del “death positive” a España

El texto sitúa este auge dentro del movimiento internacional death positive, surgido en países anglosajones y que defiende hablar de la muerte sin tabúes, integrarla en la vida cotidiana y recuperar prácticas comunitarias que se han ido perdiendo. En este contexto aparecen las doulas de la muerte: figuras no sanitarias que ayudan a transitar el proceso final desde una perspectiva emocional, simbólica y relacional.

En España, este movimiento ha encontrado terreno fértil. La sociedad vive un momento de creciente interés por la salud mental, la espiritualidad laica y la búsqueda de sentido. Además, el sistema sanitario —altamente profesionalizado y eficiente en lo clínico— suele carecer de tiempo y recursos para atender las dimensiones emocionales del morir. Las doulas llenan ese vacío.

Qué hacen exactamente estas doulas

El artículo detalla que su labor no es médica ni pretende serlo. No administran tratamientos ni sustituyen a profesionales sanitarios. Su función se centra en:

  • Escucha profunda y conversación, especialmente con personas que no tienen familia cercana o que desean hablar de sus miedos, deseos o asuntos pendientes.
  • Acompañamiento presencial, tanto en los últimos días como en semanas o meses previos.
  • Creación de rituales personalizados, desde despedidas simbólicas hasta ceremonias íntimas que ayudan a la persona y a su entorno a procesar el tránsito.
  • Apoyo a las familias, que a menudo se sienten desbordadas emocionalmente.
  • Gestión práctica, como ayudar a organizar documentos, voluntades anticipadas o aspectos logísticos del final de la vida.

El reportaje subraya que, para muchas personas, este acompañamiento supone recuperar una dimensión humana que la sociedad contemporánea ha ido relegando.

El caso de Gemma Polo: una vocación nacida de la experiencia

Una de las voces centrales del artículo es Gemma Polo, una mujer cuya trayectoria personal la llevó a convertirse en doula de la muerte. Tras vivir experiencias intensas relacionadas con la pérdida, Polo encontró en este trabajo una forma de transformar el dolor en acompañamiento para otros. Su testimonio ilustra cómo muchas doulas llegan a esta labor desde un proceso vital profundo, no desde un interés comercial.

Polo explica que su trabajo consiste en “estar”, una palabra sencilla pero que en este contexto adquiere un peso enorme. Estar presente, sostener, escuchar sin juicio, acompañar sin imponer. Su enfoque se basa en la serenidad, la aceptación y la creación de espacios donde la persona pueda despedirse de la vida con consciencia.

Formación: un curso de 1.490 euros y un vacío legal

Uno de los puntos más llamativos del reportaje es el coste de la formación: 1.490 euros. Este precio incluye:

  • Retiros presenciales.
  • Módulos teóricos sobre duelo, espiritualidad, gestión emocional y rituales.
  • Prácticas supervisadas.
  • Materiales y acompañamiento formativo.

El artículo destaca que no existe regulación oficial. Cualquier persona puede formarse y ejercer, lo que genera un terreno ambiguo. Para algunas voces, esto permite que el movimiento crezca de forma orgánica y flexible; para otras, abre la puerta al intrusismo y a la explotación económica de un momento extremadamente vulnerable.

La demanda social: por qué ahora

El reportaje identifica varias razones que explican el auge de estas figuras:

  1. Soledad creciente: muchas personas mayores viven y mueren solas.
  2. Pérdida de rituales comunitarios: la secularización y el ritmo de vida han diluido prácticas que antes ayudaban a procesar la muerte.
  3. Medicalización del final de la vida: los hospitales priorizan lo clínico, no lo emocional.
  4. Necesidad de hablar de la muerte: cada vez más personas buscan una relación más consciente con su propia finitud.
  5. Influencia internacional: la presencia de figuras mediáticas, como Nicole Kidman, que según el artículo se está formando como doula de la muerte, ha contribuido a visibilizar el fenómeno.

El texto subraya que, aunque pueda parecer una moda, responde a necesidades profundas y estructurales.

Según el artículo, el perfil de quienes se apuntan al programa es muy variado: médicos, enfermeras, psicólogos, maestros de escuela, gente que trabaja en residencias de gente mayor, así como también gente que simplemente lo quiere hacer por crecimiento personal.

Controversias: entre la ayuda y el negocio

El reportaje no oculta las críticas. Entre las principales:

  • Intrusismo profesional: algunos sanitarios temen que estas figuras puedan interferir en decisiones médicas o generar confusión.
  • Mercantilización del final de la vida: el hecho de que se cobre por acompañar en un momento tan delicado genera suspicacias.
  • Falta de regulación: sin estándares claros, la calidad del acompañamiento puede variar enormemente.
  • Riesgo de prácticas pseudoterapéuticas: algunos rituales o enfoques espirituales pueden resultar problemáticos si no se manejan con rigor.

Aun así, el artículo muestra que muchas doulas trabajan con ética, respeto y colaboración con equipos médicos, y que su labor se sitúa en un terreno complementario, no competitivo.

 

Un negocio emergente, pero también un cambio cultural

Más allá de lo económico, el reportaje plantea que este fenómeno refleja un cambio profundo en la forma en que la sociedad quiere relacionarse con la muerte. Las doulas de la muerte representan:

  • Un intento de recuperar la dimensión humana del morir.
  • Una búsqueda de sentido y acompañamiento en un momento que suele vivirse con miedo y soledad.
  • Una reivindicación de que la muerte no es solo un evento médico, sino también emocional, social y espiritual.

El artículo concluye que, aunque el sector está en construcción y necesita regulación, su crecimiento revela una demanda real: la de morir con más consciencia, dignidad y compañía. En un mundo donde la muerte se ha convertido en un tabú, estas doulas abren un espacio para mirarla de frente y acompañarla con humanidad.

 

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