Varios investigadores y expertos en demografía coinciden: «La Tierra no puede sostener a la futura población humana, ni siquiera a la actual»
Estudio publicado en la revista “Environmental Research Letters”
Diario MARCA, SMM, 23/04/2026
El artículo publicado por Marca expone las conclusiones de un estudio reciente difundido en la revista Environmental Research Letters, en el que un grupo de investigadores y expertos en demografía advierte que la Tierra ya no puede sostener a la población humana actual, y mucho menos a la futura, si se mantienen los niveles presentes de consumo de recursos. La investigación, liderada por Corey Bradshaw, de la Universidad Flinders (Australia), analiza más de dos siglos de datos demográficos y ecológicos para evaluar la relación entre el crecimiento humano y la capacidad del planeta para regenerar los recursos necesarios para mantener la vida.
El concepto central del estudio es la “capacidad de carga”, definida como el número máximo de individuos que un ecosistema puede mantener de forma estable a largo plazo. Según los autores, la humanidad ha sobrepasado este límite debido a un modelo económico basado en el crecimiento continuo y en un consumo intensivo de recursos naturales. Aunque la tecnología y, especialmente, el uso masivo de combustibles fósiles han permitido ampliar temporalmente estos límites, esta expansión es artificial y no sostenible. Los combustibles fósiles han actuado como una especie de “muleta energética” que ha permitido sostener un crecimiento poblacional sin precedentes, pero a costa de deteriorar los sistemas naturales que hacen posible la vida.
El estudio distingue entre dos tipos de capacidad de carga:
- La capacidad máxima teórica, que se situaría en torno a los 12.000 millones de personas.
- La capacidad óptima sostenible, que los investigadores estiman en unos 2.500 millones de habitantes, muy por debajo de los 8.300 millones actuales.
Esta diferencia revela la magnitud del desequilibrio ecológico: la humanidad vive muy por encima de lo que el planeta puede regenerar de manera natural. Bradshaw subraya que la Tierra no puede seguir el ritmo del uso de recursos que hacemos, y que ni siquiera puede sostener la demanda actual sin cambios profundos en los patrones de consumo y producción. Los sistemas naturales —bosques, océanos, suelos, biodiversidad— están sometidos a una presión extrema que compromete su capacidad de recuperación.
El artículo también destaca un cambio importante en la dinámica demográfica global. Desde la década de 1960, el crecimiento poblacional ha comenzado a desacelerarse, entrando en lo que los investigadores denominan una “fase demográfica negativa”. En esta fase, el aumento de la población ya no implica un crecimiento proporcional, debido a factores como la reducción de la natalidad, el envejecimiento de la población y cambios socioculturales. Sin embargo, esta desaceleración no ha reducido el impacto ambiental, que continúa aumentando debido al incremento del consumo per cápita y de las emisiones asociadas.
Los modelos del estudio proyectan que la población mundial podría alcanzar un máximo de entre 11.700 y 12.400 millones de personas hacia finales del siglo XXI. Aunque esta cifra se aproxima a la capacidad máxima teórica del planeta, los investigadores advierten que alcanzar ese nivel sin un colapso ecológico requeriría transformaciones profundas en la forma en que la humanidad utiliza la tierra, el agua, la energía y los recursos naturales.
El artículo de Marca enfatiza que el problema no es únicamente cuántas personas habitan el planeta, sino cómo viven. El modelo económico actual, basado en el crecimiento continuo y en la explotación intensiva de recursos, no reconoce las limitaciones regenerativas del planeta. Los combustibles fósiles han permitido compensar artificialmente la diferencia entre lo que la Tierra puede producir y lo que la humanidad consume, pero esta estrategia no es sostenible a largo plazo. La dependencia de estos recursos no renovables ha generado un déficit ecológico acumulado que se agrava cada año.
Además, el estudio señala que la presión sobre los sistemas naturales no solo afecta a la disponibilidad de recursos, sino también a la estabilidad climática, la biodiversidad y la resiliencia de los ecosistemas. La degradación de estos sistemas aumenta el riesgo de crisis alimentarias, escasez de agua, pérdida de hábitats y eventos climáticos extremos, todos ellos factores que pueden comprometer la capacidad del planeta para sostener a la población humana.
En conclusión, el artículo de Marca presenta un panorama preocupante: la humanidad vive por encima de los límites ecológicos del planeta, y sin cambios profundos en los patrones de consumo y en el modelo económico global, la Tierra no podrá sostener ni siquiera a la población actual. Los investigadores llaman a una transformación urgente en el uso de los recursos y en la relación entre la sociedad humana y el entorno natural, advirtiendo que el tiempo para actuar se está agotando.
