La geóloga que escucha a las piedras

Marcia Bjornerud, la geóloga que escucha a las piedras: «Es arrogante y de chiflados creer que podríamos colonizar Marte»

Marcia Bjornerud, la geóloga que escucha a las piedras: «Es arrogante y de chiflados creer que podríamos colonizar Marte» | Historias

EL MUNDO

Ricardo F. Colmenero

Abril 25, 2025

La geóloga publica en España ‘Escuchar las piedras’, donde tratar de definir nuestro lugar en el tiempo: «Pensar en la Tierra como un trozo de roca inerte e indolente que podemos engatusar nos ha llevado a no recordar quiénes somos»

 

El artículo gira en torno a una entrevista a la geóloga estadounidense Marcia Bjornerud, quien propone una forma distinta de relacionarnos con el planeta: escuchando a las rocas y comprendiendo el tiempo profundo de la Tierra. Su perspectiva combina ciencia, filosofía, memoria personal y una crítica cultural a la desconexión moderna respecto al mundo natural.

Desde el inicio, se presenta a Bjornerud como alguien capaz de “escuchar a las piedras”, que para la mayoría son objetos mudos, pero que para ella narran historias extraordinarias: palmeras que crecieron en un Ártico tropical, fósiles marinos en la cima del Everest, o el movimiento constante del suelo bajo nuestros pies. Estas observaciones sirven para introducir la idea central: la Tierra es dinámica, viva en un sentido geológico, y los humanos somos apenas un instante en su larga historia.

La geología, dice Bjornerud, suele considerarse aburrida porque “tiene todo el tedioso trabajo de la paleontología, pero sin los velociraptors”. Sin embargo, ella la reivindica como una disciplina que permite responder a la gran pregunta de la humanidad: ¿quiénes somos? Su respuesta es contundente: “Somos terrícolas”, una palabra que en inglés —earthlings— subraya nuestra pequeñez y nuestra falta de control sobre el planeta. La Tierra tiene casi 5.000 millones de años, y los humanos solo hemos estado presentes durante el 0,007% de ese tiempo. Esta desproporción temporal revela que no somos los dueños del planeta, sino apenas un episodio reciente.

Bjornerud sostiene que pensar en la Tierra como una roca inerte es peligroso. Esa visión ha contribuido tanto a la crisis ambiental como a una alienación cultural: hemos olvidado nuestro lugar en la historia del planeta. En su libro Escuchar las piedras, mezcla memorias personales con reflexiones geológicas para mostrar cómo las escalas de tiempo profundas pueden ofrecer consuelo existencial y una comprensión más amplia de nuestra vida. Como afirma en el texto: “Pensar como un geólogo es contemplar escalas de tiempo que asombran la imaginación y ponen al descubierto las fuerzas planetarias hay detrás de nuestra existencia terrenal. En un nivel psicológico profundo necesitamos sentir nuestro lugar en su historia».

El artículo invita al lector a mirar cualquier piedra con otros ojos. Esa piedra pudo haber formado parte de un supercontinente, de un río desaparecido hace millones de años, de una erupción volcánica o de un antiguo océano. Las rocas son testigos del tiempo profundo y pueden ayudarnos a desarrollar una “conciencia del tiempo”.

Bjornerud explica que, aunque nuestra mortalidad pueda resultar deprimente frente a la longevidad de las rocas, estas también nos recuerdan que el pasado sigue siendo real y que formamos parte de una continuidad mayor. Cita al rabino Simja Bunim: en un bolsillo debemos llevar la frase “Soy ceniza y polvo”, y en el otro, “El mundo fue hecho para mí”. Ambas verdades coexisten: somos efímeros, pero estamos aquí ahora, como lo estuvieron otros antes.

Según el artículo, la geóloga critica la cultura occidental contemporánea, especialmente la estadounidense, por vivir en un “presente narcisista” que desprecia el pasado y no piensa en el futuro. Esta desconexión temporal contribuye, según ella, a problemas de salud mental y a la incapacidad de comprender nuestra posición en el tiempo. Las rocas, en cambio, nos enseñan que el cambio puede ser violento, pero también paciente; que la supervivencia requiere resistencia; y que el mundo puede transformarse en un solo día.

Durante la entrevista, la geóloga también aborda la estructura del planeta. La corteza terrestre, que es el “libro de texto” de los geólogos, representa menos del 2% del planeta y gran parte está oculta. El pozo más profundo excavado por la humanidad, el de Kola, apenas alcanza el 0,2% del camino hacia el centro de la Tierra. Esta limitación refuerza la idea de que debemos “pensar como un planeta”, es decir, comprender los procesos que permiten la habitabilidad a largo plazo.

Bjornerud explica que la Tierra se formó con los mismos materiales que otros planetas, pero desarrolló procesos únicos, como la tectónica de placas, que actúa como un “sistema respiratorio planetario”. La clave de un planeta vivo es el reciclaje continuo: de la corteza oceánica, del agua, del carbono. Esta capacidad de regeneración hace de la Tierra un sistema extraordinario, “un sistema de sistemas increíblemente sofisticado que, de alguna manera, se ha inventado a sí mismo”, como dice en el texto.

En contraste, Marte tiene una única placa rígida que no se mueve. Por eso, Marcia Bjornerud considera arrogante la idea de colonizarlo. Explorar Marte es posible, pero convertirlo en un planeta habitable es, en su opinión, una fantasía peligrosa. “El peor día en la Tierra será mucho mejor que cualquier cosa en Marte”, afirma. La vida terrestre depende de procesos evolutivos y microbianos que apenas comprendemos; pretender exportarlos a otro planeta en unas pocas generaciones humanas es ignorar la complejidad del sistema terrestre.

Cuando se le plantea que la Tierra no durará para siempre, Bjornerud responde que confía en el planeta: es antiguo, resistente y nos ha moldeado. El Sol se apagará algún día, pero eso ocurrirá en un futuro muy lejano; lo que realmente debería preocuparnos son los próximos cien años.

El artículo también aborda aspectos biográficos. Bjornerud relata que la geología era un campo dominado por hombres y que sufrió episodios de acoso, como cuando un profesor emérito le pidió que se sentara en su regazo. También cuenta que, en momentos de crisis personal, intentó tomar “distancia geológica”, aunque descubrió que la “cura geográfica” rara vez funciona.

Aunque es escéptica respecto a las supuestas propiedades mágicas de las rocas —“al fin y al cabo todos estamos hechos de piedras y agua”, dice—, sí cree en el poder de ciertos lugares donde las fuerzas dinámicas de la Tierra son visibles, como Islandia. Allí se siente “el corazón palpitante de la Tierra”. Los terremotos, aunque aterradores, son recordatorios de que vivimos sobre un planeta activo.

Bjornerud considera que el siglo XXI será el siglo de la geología, no por viajes al centro de la Tierra, sino por el descubrimiento del papel fundamental de los microbios en la química del planeta. Muchos tipos de rocas existen gracias a microorganismos, y casi la mitad de los minerales son biogénicos. La vida participa activamente en el ciclo geológico.

Finalmente, el artículo concluye con una reflexión de Marcia Bjornerud sobre la muerte y el reciclaje natural. La frase “Polvo eres y en polvo te convertirás” adquiere un sentido literal: nuestros cuerpos se descompondrán y sus elementos volverán al ciclo terrestre. Algunos podrían incluso convertirse en fósiles. La Tierra, vista como un sistema vivo, integra todo en un ciclo infinito de elementos.

 

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