Este artículo relata la experiencia de dos licenciadas universitarias, Susana y María, quienes decidieron dejar atrás la vida urbana para emprender un singular desafío: guiar un rebaño de 500 ovejas merinas desde Madrid hasta los Picos de Europa. Este viaje no solo marca un renacimiento de la trashumancia, una práctica ganadera ancestral, sino que también resalta la búsqueda de formas de vida más sostenibles y en sintonía con la naturaleza en un mundo cada vez más urbanizado.
Recorriendo cientos de kilómetros a pie por antiguas cañadas reales, Susana y María representan la unión entre tradición y modernidad. Aunque su formación académica está lejos del ámbito ganadero, han adoptado esta práctica como una forma de preservar los ecosistemas y recuperar un patrimonio cultural casi olvidado. Durante el trayecto, el rebaño se alimenta de pastos naturales, lo que no solo favorece a los animales, sino que también ayuda a prevenir incendios al limpiar el terreno de materia seca. Esto adquiere especial relevancia en el contexto actual de cambio climático y sequías prolongadas.
La trashumancia no es solo una tradición, sino una actividad con importantes beneficios ambientales. Según los expertos, este desplazamiento de ganado contribuye al transporte de semillas, mejora la fertilidad de los suelos y fomenta la biodiversidad. Además, dinamiza las economías rurales, a menudo marginadas, al reactivar regiones afectadas por la despoblación. En esta travesía, la oveja merina, una de las razas más emblemáticas de España, encuentra una forma de cuidado que garantiza su conservación.
La ganadería en España enfrenta retos como el incremento de los costes de los piensos y la escasez de agua, factores que han llevado a muchos pastores, incluidas estas licenciadas, a redescubrir la trashumancia. Para Susana y María, esta decisión no solo responde a una motivación económica, sino también ética, al priorizar el bienestar animal y un modelo de producción más sostenible frente a la ganadería intensiva.
Además, enfrentan un desafío cultural: recuperar el rol de la mujer en el pastoreo, una profesión históricamente masculinizada. “Siempre ha habido pastoras”, señalan, recordando cómo las mujeres solían quedarse a cargo de la familia mientras los hombres emprendían las rutas trashumantes.
El viaje está lleno de retos, desde largas jornadas a pie y cambios climáticos hasta la logística necesaria para garantizar el bienestar del rebaño. Sin embargo, también ofrece oportunidades de aprendizaje y convivencia con comunidades rurales, permitiéndoles compartir experiencias con pastores veteranos y fortalecer la conexión entre generaciones.
El viaje de Susana y María es mucho más que una travesía; simboliza un cambio de paradigma hacia un estilo de vida más conectado con la naturaleza. Su iniciativa tiene el potencial de inspirar a otros, especialmente a jóvenes urbanos, a considerar profesiones vinculadas al medio rural, contribuyendo al reequilibrio demográfico en España.
Esta aventura no es solo un proyecto personal, sino una muestra de cómo tradición, sostenibilidad e innovación pueden converger para generar un impacto positivo tanto a nivel local como global. Con su ejemplo, estas jóvenes no solo revitalizan una práctica en peligro de extinción, sino que abren camino hacia un futuro donde la conexión con la naturaleza y el cuidado del medio ambiente sean valores esenciales.
