El Sol emite la llamarada más potente del año y genera una tormenta geomagnética

El Sol emite la llamarada más potente del año y genera una tormenta geomagnética capaz de afectar a los satélites y a las comunicaciones – Teresa Guerrero (El Mundo)

Las agencias espaciales vigilan la evolución de la potente llamarada solar que emitió nuestra estrella el martes 11 de noviembre, la de mayor intensidad que se observa en lo que llevamos de año. Según el Instituto Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de EEUU (NOAA), «probablemente sea la más intensa del actual ciclo solar».

Como consecuencia de esa llamarada solar se ha producido una eyección de masa coronal (EMC) que viaja con una velocidad estimada en unos 1.500 kilómetros por segundo, por lo que se estima que alcanzará la Tierra entre el miércoles y el jueves. Sus efectos podrían durar unas horas o varios días.

Según ha explicado la Agencia Espacial Europea (ESA) en un comunicado, la tormenta geomagnética generada por esta intensa actividad solar «podría afectar a satélites, redes eléctricas y sistemas de navegación». Sin embargo, aclara que este fenómeno no representa un riesgo directo para las personas en la Tierra.

Las erupciones solares se clasifican en cinco tipos: A, B, C, M y X, siendo las de clase X más potentes. El número que sigue a la X describe su intensidad. La llamarada solar que se generó el 11 de noviembre es de clase X5.1, más intensa incluso que otras dos que se produjeron en los días previos en la misma región solar, denominada 4274. Las dos llamaradas previas fueron clasificadas como X1.7 (la del 9 de noviembre) y X1.2 (la del día 10).

Según la NOAA, una llamarada solar de magnitud X5.1 «durante el máximo del ciclo solar o cerca del máximo no es frecuente, pero no es inusual».

Ciclos de 11 años

La actividad en la superficie del Sol genera fenómenos que se propagan por todo el Sistema Solar. Su actividad se estudia dividiéndola en ciclos que duran 11 años aproximadamente. Dado que estos estudios comenzaron en el año 1700, ahora estamos en el ciclo número 25, que comenzó en diciembre de 2019. Nuestra estrella se encuentra en una fase muy activa. En los momentos en los que registra actividad magnética alta, como ahora, se pueden producir estas tormentas geomagnéticas que potencialmente pueden afectar a infraestructuras espaciales y terrestres, y a los astronautas que se encuentran en la Estación Espacial Internacional (ISS), a unos 400 kilómetros de la Tierra.

En mayo de 2024 se produjo la tormenta geomagnética más intensa de las dos últimas décadas, que fue catalogada como una tormenta G5, en una escala que cuantifica la intensidad y los efectos, y consta de cinco niveles (de G1 a G5).

Como explican los científicos de la ESA, «cuando se produce una llamarada solar, la explosión puede liberar tanta energía como mil millones de bombas atómicas. Un torrente de ondas electromagnéticas sale del Sol a la velocidad de la luz y llega a la Tierra ocho minutos después, pudiendo interferir con las transmisiones de radio de onda corta y provocar errores en los sistemas de navegación». Una llamarada solar suele ir acompañada de una gran erupción de gas ionizado de la atmósfera exterior del Sol, conocida como eyección de masa coronal (EMC). Una EMC crea ráfagas y ondas de choque en el viento solar, que, si se dirigen hacia la Tierra, pueden tardar entre 18 horas y varios días en alcanzarnos.

Cuando una eyección de masa coronal (EMC) llega a la Tierra, altera su campo magnético, provocando una tormenta geomagnética. Estas tormentas, dice la ESA, pueden afectar a largas estructuras metálicas terrestres como líneas eléctricas y oleoductos, y a los satélites que se encuentran en órbitas bajas, aunque existen medidas de seguridad que se pueden aplicar para minimizar los daños potenciales de la actividad solar.

Auroras

El lado positivo de este tipo de eventos es que suelen generar también espectaculares auroras boreales en el hemisferio norte y auroras australes en el hemisferio sur de la Tierra. Si son muy intensas, como en esta ocasión, esas auroras pueden verse en latitudes más bajas que en los polos.

Durante la gran tormenta solar de mayo de 2024, las auroras boreales llegaron a observarse incluso en algunas zonas de España, y también la pasada madrugada este fenómeno fue visible en algunas zonas de nuestro país, como en el Observatorio Astronómico de Calar Alto, en Almería.

Para anticiparse a los daños potenciales que puede causar la actividad solar, varios observatorios espaciales monitorizan continuamente nuestra estrella, como la nave Solar Orbiter -una misión de la ESA en colaboración con la NASA-, SOHO -también de la NASA y la ESA- o el Observatorio de Dinámica Solar (SDO) de la NASA. Además, hay en marcha nuevas sondas como Vigil, prevista para 2031, con la que se pretende mejorar la detección temprana de estos eventos.

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